PIEDRA DEL SOL 
El desarrollo de las actividades humanas desde la aparición del hombre sobre la tierra, demostró la importancia de la medición del tiempo, por lo que éste creó diversos métodos, a menudo erróneos, para tal fin, valiéndose de la observación de elementos y fenómenos naturales como los movimientos del SOL y la LUNA. Estas imperfecciones se corregían periódicamente.
Para hacernos una idea de lo costoso que fue llegar al calendario único para toda la cristiandad, no hay más que anotar que en Portugal adoptó la era cristiana hasta casi las vísperas del descubrimiento de América. Otras “eras” de menor entidad, ya en el cristianismo, en la zona de oriente, la era bizantina, que empezaba el 5509 a. de J.C. (por la cuenta bíblica del principio del mundo).
Está claro que mientras se le daba vueltas al tema de la era (del principio de la cuenta de los años), que al fin y al cabo era un tema menor, se iba acercando al Calendario Juliano, el instituido por Julio César en el año 47 a. de J.C. (707 de la era romana, es decir, de la fundación de Roma), a la sazón dictador y gran pontífice.
En 1582 el papa Gregorio XIII promulgó el nuevo calendario, llamado Gregoriano por ser él su promotor. Habían pasado más de 1.600 años de vigencia del calendario Juliano y los pequeños desajustes se habían hecho muy ostensibles al cabo de tanto tiempo. El calendario civil se había retrasado 10 días respecto al calendario astronómico; por lo que Gregorio XIII tuvo que decretar en 1583 el salto del día 10 al 20 de diciembre. Ese año, diciembre tuvo sólo 21 días.
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